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Periodismo constructivo: la esperanza de una narrativa transformadora

Periodismo constructivo: la esperanza de una narrativa transformadora

Alfredo Casares
  • Una forma de mirar la realidad, de comprometerse con ella y de contarla, que consiste en abordar los problemas sociales desde el punto de vista de las iniciativas que hay en marcha e intentar solucionarlos. Es un periodismo que se centra en las soluciones y en el futuro

La periodista Nerea Lizarralde, directora del medio digital guipuzcoano Irutxuloko Hitza, lleva meses reflexionando sobre el propósito de su trabajo y revisando las informaciones que publican durante la pandemia. “Cuando dentro de diez años miremos atrás y nos preguntemos qué periodismo hemos hecho y qué hemos logrado, me gustaría estar satisfecha, orgullosa”, confiesa. Su medio es uno de los 56 de todo el mundo que han recibido el apoyo del European Journalism Centre y el Facebook Journalism Project para soportar los efectos del Covid-19 y profundizar en la transformación de su negocio. Pero para ella no se trata solamente de una cuestión de números: “Me importa cada vez más el legado que vamos a dejar”.

Por esa razón, con la mirada puesta en los contenidos y en los enfoques de sus informaciones, Lizarralde y uno de los periodistas de su equipo han decidido tomar parte en el primer programa de formación en periodismo orientado a las soluciones en España, que imparte el Instituto de Periodismo Constructivo. Participan además un redactor jefe de Noticias de Gipuzkoa, periodistas de Radio Euskadi, de la Sociedad Pública de Gestión Ambiental del Gobierno Vasco (Ihobe) y varios reporteros freelance. Durante los talleres y los acompañamientos individuales los periodistas reflexionan sobre la forma en la que cuentan el mundo y sus efectos en la sociedad. Después, lo pondrán en práctica y medirán los resultados.

¿Qué es el periodismo constructivo? Una forma de mirar la realidad, de comprometerse con ella y de contarla, que consiste en abordar los problemas sociales desde el punto de vista de las iniciativas que hay en marcha e intentar solucionarlos. Es un periodismo que se centra en las soluciones y en el futuro; investiga lo que sí funciona y extrae aprendizajes; aporta esperanza basada en datos y sirve de inspiración a los ciudadanos; favorece la conversación y la implicación sociales; tiende puentes, evita la polarización, y es complementario al periodismo de denuncia.

Los medios de comunicación son una ventana abierta a la realidad y también un espejo en el que las personas nos reconocemos. Por ello, el periodismo tiene una doble responsabilidad: nos ayuda a construir una imagen del mundo en que vivimos y también contribuye a que nos formemos una imagen de nosotros mismos en la sociedad, si nos vemos como meros espectadores o como actores con capacidad para cambiar las cosas.

Para transmitir una imagen fiel y equilibrada es preciso que convivan en paralelo formas complementarias de mirar la realidad y contar el mundo: una más enfocada a denunciar abusos, buscar culpables o controlar a los poderes, y otra más dedicada a explorar iniciativas esperanzadoras que plantean soluciones de futuro, a darles la visibilidad que merecen y a ayudar a los ciudadanos a involucrarse en la acción social. La combinación de ambas puede ser una poderosa fórmula.

Hay datos que avalan esta posibilidad. El 57% de los ciudadanos no delega en los políticos y en las administraciones públicas la resolución de los problemas sociales, sino que se considera corresponsable y quiere remangarse para contribuir, según el Estudio de Marcas con Valores. Existe, pues, una oportunidad para que los medios ejerzan de brújula y satisfagan la necesidad de las personas de recibir información útil para participar en la esfera pública, actuar y construir la sociedad.

“El futuro no depende de nuestros sentimientos, sino de nuestras acciones”, sostiene el escritor estadounidense Jonathan Safran Foer. “Lo que importa no es la distancia que nos separa de la inalcanzable perfección, sino la que nos separa de la inefable inacción”.

Para actuar, necesitamos que los medios nos muestren que es posible cambiar las cosas, que hay personas que ya lo están haciendo, que obtienen resultados alentadores y aprendizajes valiosos. De otro modo, corremos el riesgo de quedar paralizados por el miedo o por el desánimo, como recoge un estudio de la Universidad de Oxford que analiza la llamada trampa del desaliento. Si no vemos avances importantes en ámbitos como el medioambiental, rebajamos nuestras ambiciones e invertimos en alternativas más factibles pero menos valiosas. Sin embargo, si vemos avances tanto en nuestros países como en el extranjero somos más optimistas respecto al poder de la movilización colectiva y nos involucramos.

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Existe hoy una corriente en todo el mundo en favor de un periodismo más constructivo, incipiente aún en España. Hay iniciativas en Estados Unidos, Latinoamérica, Reino Unido, Dinamarca, Francia, Alemania o Italia, tanto en medios tradicionales, en nuevos medios o en facultades de periodismo. Esta actividad en torno a una forma más cons­tructiva de mirar la realidad no parece casual, responde segura­mente a la necesidad de contrarrestar la creciente polarización política y social, la desconfianza en las instituciones o las relaciones dictadas por los algoritmos.

En las conversaciones que mantengo desde hace meses con periodistas, directivos de medios y profesores universitarios y estudiantes de España y América sobre el periodismo constructivo he percibido un creciente interés por reflexionar sobre el propósito de nuestro trabajo. A partir de ese ejercicio se abren posibilidades muy interesantes para explorar formas de mirar y contar el mundo, para involucrar a la ciudadanía y para analizar junto a ella cuál es el periodismo que necesita hoy la sociedad.

Con cierta frecuencia, además, los editores me preguntan por la sostenibilidad económica de un periodismo más constructivo, sobre el retorno que obtiene. Les digo que la respuesta la encontrarán ellos si se deciden a probarlo con determinación y paciencia. Les suelo remitir a las palabras de Álex Grijelmo, subdirector de El País, en el prólogo a mi libro La hora del periodismo constructivo. “Quienes han asentado su hábitat (en este caso antinatural) en el rumor, en la omisión de datos, en el titular que engaña a su propio texto, opondrán siempre la utilidad de sus garlitos y la rentabilidad de que miles de lectores caigan en ellos. Así que una buena forma de combatir integralmente esas políticas consiste en demostrar que la alternativa más ética es tam­bién la más rentable. El periodismo constructivo evadirá así las acusaciones de bue­nista o de ingenuo: ¡también puede aportar negocio!”.

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