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Autoliderazgo, el paso previo al liderazgo

Autoliderazgo, el paso previo al liderazgo

Cristina Recuero

Si buscas la palabra liderazgo en google encontrarás millones de resultados y listas de los atributos que necesitas cultivar para ser un “buen líder”. Si haces una lectura rápida y no profundizas, parecería más fácil convertirse en ese “buen líder”, que hacer un pastel de zanahoria con la receta que me pasaron las navidades pasadas. ¡Nada más lejos de la realidad!

Y de entre todas las competencias que un líder necesita desarrollar para convertirse en inspirador de masas, encontraréis una que se repite y que taladra la cabeza del cualquier lector: escucha empática.

Escuchar, que no es lo mismo que oír. Escuchar es poner toda tu atención en el que habla. Atención en lo que dice, en lo que no dice también. Atención en cómo lo dice, en cómo se mueve. En su cuerpo. Atención en sus gestos, en los músculos de su cara, los movimientos de sus ojos, de su boca. Escucha activa, que no pasiva. Estar por y para la persona que te está transmitiendo su experiencia, sus sueños, sus dudas, miedos e inseguridades.

Parece que esto de la escucha se empieza a complicar ¿verdad?

Y no solo hablamos de escucha, no. Estamos hablando de escucha empática, que es algo así como que, mientras escuchas, te debes poner en los zapatos del otro y ¡más difícil todavía!, caminar con ellos.

Y esto ya es otro cuento, porque caminar con los zapatos del otro supone desterrar los juicios propios, basados en nuestros patrones mentales, para interpretar y entender lo que nos está contando, pidiendo de nosotros un nivel de disociación y concentración superior. Algo para lo que de manera natural no estamos ni formados ni entrenados.

Aquí no vale eso de: “Habla, habla que yo te escucho. Mientras estoy terminando de ordenar estas cosillas en la bandeja de entrada de mi ordenador”. O en un entorno familiar, eso de, “Te escucho, te escucho mientras tiendo la ropa y preparo la comida”.

En resumen, buscamos en un líder a esa persona que nos escucha y comprende desde nuestro ser y experiencia y no nos juzga desde la suya.

Buscamos en un líder a esa persona que nos acompaña a crecer desde ese lugar en el que nos mira, sabiendo que hacemos lo mejor que sabemos con las herramientas que hoy tenemos, porque un día, no hace tanto, él estuvo en aquel lugar u otro parecido.

Esa persona que no rellena huecos con su propia experiencia, que indaga en la nuestra y tiene esa pregunta siempre lista, para que seamos nosotros los que encontremos la respuesta a nuestras dudas y veamos un nuevo camino que tomar, para derribar nuestras barreras.

Esa persona que confía y sabe que nosotros tenemos todos los recursos para llegar a donde queremos llegar. No nos aconseja, no nos dice lo que tenemos o no tenemos que hacer. Sencillamente nos acompaña.

Y claro, como líderes ¿Cómo vamos a entrenar una escucha empática con el otro si nosotros mismos no nos paramos a escucharnos? ¿Cómo vamos a entrenar la paciencia para entender al otro, si no la tenemos con nosotros? ¿Cómo vamos a crear confianza en el otro e invitarle a que se desnude, si no nos atrevemos a desnudarnos y mirarnos? ¿Cómo pretender que el otro se sienta vulnerable, si no reconocemos y aceptamos nuestra vulnerabilidad?  

No podemos liderar personas y equipos si antes no hemos trabajado un autoliderazgo consciente. Si antes no nos hemos parado a ver nuestras luces y sombras. Si antes, como dijo Nietche, no hemos escuchado los perros salvajes que ladran en nuestro sótano.

Si en tu camino hacia el liderazgo no aceptas tus sombras, si no aceptas tus barreras y dificultadas, irremediablemente rechazarás esas mismas dificultades en el otro, porque te mostrarán y recordarán una y otra vez que tú las tienes ocultas bajo esa capa de héroe que te has colgado sobre tu espalda. Y piensa algo, que tú las ocultes, no significa que no se hagan visibles para el resto.

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Buscamos líderes humanos, conscientes y vulnerables. Confiamos en las personas que han recorrido ese camino que nosotros queremos recorrer. Que se han encontrado con sus sombras, que las comparten sin miedo a ser juzgados y que les han dado un buen lugar para seguir avanzando.

Buscamos líderes valientes, esos que sienten y viven sus miedos y a pesar de ellos, siguen adelante. Buscamos líderes que nos miren con la misma compasión con la que un día se miraron a sí mismos para entender que hicieron lo mejor que supieron, y hoy se atreven a hacerlo de otro modo. Buscamos líderes sin temor a mostrarse, a compartir.

No queremos héroes, queremos personas que un día supieron que para acompañar a otros necesitaron primero mirarse, escucharse, entenderse, aceptarse como un primer paso para entender y aceptar la singularidad de cada una de las personas que lideran en sus equipos.

Hace solo unos días, una excelente persona y profesional en el campo digital compartía su miedo y temor porque había comenzado un proceso de autoconocimiento en su ámbito profesional. Esos miedos giraban entorno a estas preguntas:

¿Y si descubro que llevo toda mi vida equivocada?, ¿Y si descubro cosas en mí que no me gustan? ¿Y si ahora, a mi edad, resulta que lo que hago ya no me vale?

¿Y si no lo haces?, le pregunté. Silencio en la sala.

Mirar-se, escuchar-se, entender-se, aceptar-se y ayudar-se son clave para mirar, escuchar, entender, aceptar y ayudar e inspirar al otro. Liderar desde un autoliderazgo consciente.

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